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2 semanas en Junín

Por cuestiones laborales me tocó pasar dos semanas en Junín, podría partir de la base que es una linda ciudad.

La calle céntrica, baja, sin edificios le da un aspecto realmente agradable y grandes negocios otorgan opciones a los consumidores generando un tránsito de gente que le da vida al centro de la ciudad.

Dos cosas son igualmente llamativas y significativas:

– La cantidad de autos “Mercedes Benz” que hay. Hay otros autos caros circulando, pero se destaca la cantidad de autos de esta marca hay circulando, situación que no es tan notable en ninguna otra ciudad de la provincia.

– La cantidad de chicos pidiendo monedas: En rigor de verdad, también hay gente grande, pero predominan los chicos, generando un contraste tristísimo respecto del punto anterior.

A simple vista es una de las ciudades más desiguales, con mayor concentración de la riqueza.

No se malentienda, en Bahía Blanca hay muchos más chicos pidiendo, pero en Junín, son muchos para la escasa población; son muchos para la concentración de riqueza en otras manos.

De muestra sobra un botón, y fue sólo un hecho el que me disparó todas estas reflexiones.

Estando yo sentado en el bar, entró una persona. Pasó caminando por al lado (casi la choca) de una chica que limpiaba el piso. El recién llegado miró para todos lados, solo me vio a mí sentado y me saludó, en forma cordial. Nunca reparó en que había una chica ahí.

Me hizo acordar a las propagandas en internet. Yo entro en facebook o gmail, y si alguien me pregunta que propagandas había a los costados, no sabría responderlo. Tengo el cerebro acostumbrado a que hay propagandas en un sector y lo esquivo inconcientemente, nunca lo veo, como si no existiera.

Lo mismo pasa en Junín con la división de clases. “La gente bien” no ve a los demás. El tipo que va al bar no repara en que hay una empleada. Ve al mozo porque tiene que interactuar con el.

Me vino a la mente algo que pasó la semana pasada. Comíamos con un miembro del “Rotary Club” y le dije que me llamaban la atención los chicos pidiendo en Junín, en una ciudad tan chica, no es algo habitual. Su respuesta fue que no los había visto. Ahora relaciono esta escena de la semana pasada con el tipo que entra al bar. Una sociedad que se mira el ombligo, y le saca lustre.

El chico de la calle es un elemento más del paisaje (si, le afané la idea al de calle 13), la empleada es números rojos a fin de mes, es una cuenta que pagar para la dueña del bar. El piso está limpio y así debe ser, no importa quien, ni porque, no llama la atención que las cosas estén como tienen que estar.

Es una ciudad linda, pero tan desigual, que se pierde esa belleza al descubrir que la camaradería, la solidaridad, el buen trato es entre los “unos”, los otros, los que hacen andar la ciudad, son invisibles.

  1. Camila
    7 octubre, 2011 a las 21:55

    Alguien de esa cuidad una vez me dijo: -lo que pasa, es que en Junin, se come pollo.. y se eructa faisán.. algo que resume la realidad de lo que viste…

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