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Mis amigos, los escribanos

Desde que era chico le tengo un cierto rencor a los escribanos.

Rencor no es la palabra correcta, pero no encuentro como definirlo, odio me suena demasiado fuerte. No los quiero. Con eso se entiende.

Mi desconfianza comenzó en el primario, cuando para hacer un viaje con el colegio había que llevar una nota firmada por los padres y la firma tenía que estar certificada por un Escribano Público. Más de uno dejó de viajar porque no pudo pagar esa certificación de firma….

Ahora déjenme preguntar una cosa: Si uno vende una casa o un auto, paga los impuestos que corresponden ¿Porque le tiene que pagar a un escribano para que esté en el medio?

Cursando Derecho Notarial tomé conocimiento de que existía el “Sistema Soviético”. Es algo que había pensado desde siempre y encontré que ya lo habían creado y tuvo funcionamiento: En vez de pagarle a un tipo particular, el Estado cumple esa función dedar fe de la persona o del acto ¿Quién más autorizado que el? Y que no se pague, que sea gratis o se pague una tasa por el servicio, pero no los honorarios que cobran los escribanos (que la denominación de honorarios es más fulera…)

Dejando de lado la conveniencia o no de la existencia del notariado, hay otra cuestión que me revuelve las entrañas: En la provincia de Buenos Aires la matrícula es casi como un título hereditario. El hijo del escribano se recibe de abogado (si, tiene requisitos que cumplir), lo adscribe, y chau, da fe  hasta que se jubile. Si no tiene hijos, o no siguen sus pasos, toca a alguien con su varita mágica y éste le tiene que estar en deuda de por vida.

Si lo que caracteriza a un escribano es la probidad, honestidad, confiabilidad, etc., etc., ¿no se debería ser un poco más riguroso en la selección? No, a dedo, se señala el que sigue, y ese elige a otro y así de generación en degeneración.

Para que los escribanos no se peleen entre sí, hay un número determinado, X cantidad de escribanos cada X cantidad de habitantes = Trabajo seguro.

Un contador, un arquitecto, un médico, un docente, un obrero, un heladero, tienen que lidiar con la “competencia del mercado”, con el riesgo de ser echados de su trabajo, con los precios que pone uno u otro. Los escribanos no, se aseguran que haya trabajo para todos, porque nadie se sube al tren si no se bajó uno, y ese uno elige quien sube.

Hay muchas cosas que están mal en el país, en el mundo. Pero el sistema del notariado que tenemos, es simplemente vergonzoso.

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