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>La nada

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Llegado a este punto no puedo dejar de pensarte. Miro a todos lados, reviso los objetos que duermen en cualquier sitio y se que no quiero estar acá, no así al menos. Quisiera que estuvieses conmigo. Cada segundo que pasa trae una nueva excusa para verte, pero una a una son descartadas. Ya no puedo pensar en el tiempo que utilicé en determinada tarea. Todo tiempo que no paso a tu lado no es más que el tiempo que perdí de tenerte, de mirarte, de oírte decir cien cosas, mil cosas cotidianas, que lo mismo da oírlas hoy que mañana, pero las quiero ahora, las necesito ahora.

La música llena la habitación y lucha con los sonidos que vienen de la calle. La gente se prepara para una noche movida, y yo sigo pensando que no te veré por un tiempo. Todos caminan de acá para allá, con algún plan determinado, yo, como siempre contra la corriente decido vagar por las calles desiertas en busca de que algo me recuerde que existía mi vida antes de conocerte, pero nada lo logra. Los árboles, quietos, luchando contra el viento que acaricia sus copas me recuerdan las batallas, en las que participamos y finalmente los abrazos, exhaustos en la espera de esa nada cotidiana que nos envuelve, esa nada que compartimos, esa, nuestra nada.

Sigo caminando, miro las luces de las calles y los coches, las personas caminan por la noche ya con algunas copas encima, y siguen en sus vidas llenas de vacíos, en sus vidas veloces y fugaces, sin marcas, sin vida. Me detengo en la Terminal, justo frente a la ventanilla del Costera, reviso la billetera. Estoy loco. ¿Qué voy a ir a hacer ahora? Llego a tu casa a las seis de la mañana ¿Y? ¿Qué hacés acá? Vas a preguntarme. Todas las excusas fueron desechadas, no tengo nada que hacer ahí. Miro otro colectivo que parte. Cada vez estoy más convencido de que me estoy volviendo loco. Finalmente continúo mi viaje, pensando en cada paso en volver y subirme al próximo colectivo que salga para capital. Vuelvo a cruzar alguna gente, ya ni los miro, solo oigo voces y gemidos, no quiero ver a nadie. Llego nuevamente a casa, miro todo en igual condiciones que antes, y me siento a pensar, a pensarte. Vuelvo a mirar hacia adentro, a meditar sobre cuanto me gustaría que estuvieras acá, que empecemos una nueva batalla o no, pero me gustaría volver a compartir esa nada que disfrutamos mientras estamos abrazados, esa anda que encuentro al mirar tus ojos, sentir tus labios, y saber que tus próximos minutos, o quizás tus próximas horas, serán para mí.

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Categorías:Literatura
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